Logros y perspectivas de la Red Juvenil Ignaciana

 

Formamos hombres y mujeres libres para dejarse conducir por Dios y responder a las problemáticas del país según nuestras circunstancias.

Un núcleo de comunidades juveniles queda articulado a la Red Juvenil Ignaciana cuando se elige y se confirma a un representante, al cual le llamamos “enlace”. Esta persona tiene la responsabilidad de ser canal de comunicación entre su grupo y la red, asiste a dos reuniones anualmente y da seguimiento a los acuerdos tomados en los encuentros de enlaces. Dichos enlaces son quienes dan vida a la red. Con ellos se evalúan y planean las actividades. Una parte clave de este proceso ha sido la metodología para tomar las decisiones de las actividades o temáticas de los encuentros juveniles, pues tratamos de que esto sea producto de un discernimiento comunitario. La clave ha sido captar cómo el Espíritu Santo crea nuevos modos de ser Iglesia y recrea el apostolado juvenil, propio de la Compañía de Jesús.

El coordinador nacional de la Red Juvenil Ignaciana es la misma persona que coordina el equipo de vocaciones jesuitas, y su función es definir los lineamientos generales que operativizan a dicha red. El equipo cuenta con una secretaria ejecutiva, encargada de dar seguimiento a cada uno de los núcleos articulados y atender la formación solicitada por ellos. Existe un amplio equipo de formación encargado de elaborar e impartir los varios talleres solicitados por los núcleos, el cual está integrado por jesuitas, religiosas y laicos.

A los núcleos se les ofrece un proceso de formación, dividido en tres etapas: Iniciación Ignaciana, Más con Cristo y Ruta Jesuita. La articulación con la red no pretende homologar los procesos de formación. Sí se les pide una planeación anual, donde las comunidades señalen la etapa en que se encuentran y los talleres solicitados al equipo de formación. Dentro de su planeación se les anima a celebrar el día de San Ignacio, 31 de julio, y el día de las vocaciones a la Compañía de Jesús, el 5 de noviembre.

Los principales logros han sido el tener espacios donde se detecta, se contagia y se cultiva la vocación; tener un proceso de formación adaptable a las circunstancias de cada uno de los núcleos; el crecimiento de dichos núcleos que elaboran su planeación anual; la articulación de religiosas, jesuitas y laicos para atender la formación de los jóvenes; hacer más visible la espiritualidad ignaciana y la Compañía de Jesús entre ellos; abrir espacios para el conocimiento cercano de la misión y el trabajo de los jesuitas; y brindar herramientas de formación ignaciana en las obras articuladas.

A manera de perspectivas para el futuro, prevemos que en tres años tendremos jóvenes motivados y preparados para un mayor compromiso eclesial y social. Esto genera y estimula preguntas a los mismos jesuitas de la provincia. Por ejemplo, ¿cómo podríamos integrarlos en nuestros equipos de trabajo?, ¿cómo escuchar sus inquietudes?, ¿qué les ofrecemos? Más adelante tendremos que evaluar la formación impulsada, y reflexionar y ponderar si la Red Juvenil Ignaciana podría ser un espacio de formación para nuestros futuros colaboradores para la misión.

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